sábado, 15 de febrero de 2014

Jesús cubre todas nuestras necesidades

Catholic Meditations

Meditación: Marcos 8, 1-10

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En el Evangelio de hoy aprendemos que la compasión de Cristo por las necesidades físicas de la multitud era una muestra del amor y la generosidad con que Dios cuida a sus hijos, que también protegió a su pueblo en el desierto, y a todos nos invita a participar en el banquete mesiánico.
En el Antiguo Testamento, Dios prometió que cuantos se salvaran tendrían parte en dicho banquete. Por su parte, Jesús dio instrucciones a sus discípulos de que comieran el pan de su Cuerpo y bebieran del cáliz de su Sangre.
Cuando Jesús dio de comer a cuatro mil personas, el lugar en que se encontraba era territorio no judío y Cristo dijo que la gente había “venido de lejos”, expresión que, en la Iglesia primitiva, se refería a los no judíos que se convertían al cristianismo. Marcos deseaba poner énfasis en la verdad de que el plan y la providencia de Dios incluyen a todo hombre y mujer de cualquier raza, condición o nacionalidad. El hecho de que Jesús haya dado pan a sus seguidores para saciar su hambre era una prefigura del Sacramento de la Sagrada Eucaristía, que fue instituido por Cristo en la Última Cena, cuando tomó el pan, lo bendijo y lo dio a sus discípulos.
La acción más trascendental de la historia se concretó en el Calvario, cuando Dios entregó, por su gran amor a todo el género humano, a su propio Hijo Jesucristo para sufrir, en la cruz, el castigo de la muerte por todos los pecados cometidos en la historia, desde Adán hasta la última persona que viva en este mundo. Luego, Jesús demostró ser en efecto el Salvador del mundo, ya que su resurrección prefigura también la resurrección de todos los seguidores de Cristo que se mantengan fieles hasta el fin.
Por eso, mientras dure nuestra vida en este mundo, tenemos el verdadero Pan de vida en la Sagrada Eucaristía, en la cual el Señor se quedó como alimento divino y expresión del amor perfecto que comunica la vida eterna. ¡Alabado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!
“Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso (Plegaria Eucarística III).”
1 Reyes 12, 26-32; 13, 33-34; Salmo 105, 6-7. 19-22

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